Prey: Mooncrash Análisis del juego

Mooncrash es la nueva expansión de Prey, una experiencia aislada del juego base que cuesta € 19.99, y que a pesar de ser separada, todavía exige el Prey original. Con la expansión llega una nueva ubicación, nuevas mecánicas de juego, varios elementos originales, y una estructura que incentiva la repetición. Es, sin embargo, Prey, y si jugó el juego base, se acostumbrar con facilidad a los controles ya la experiencia de juego.

Hay algunas áreas, como espacios abiertos en la superficie, que se conectan a diferentes secciones de la base, y aunque visualmente es muy diferente de la estación Talos, la arquitectura y el diseño son vincamente Prey. La mayor diferencia surge a través de la estructura del juego. El jugador asumirá el papel de un empleado de Kasma Corp, cuya función pasa por investigar precisamente lo que ocurrió en la base TranStar. Lo harán al entrar en un simulador que recreará los eventos que pasaron en esta base lunar, experimentando los eventos de varias perspectivas diferentes. Con esta estructura, Mooncrash alienta a la repetición, pero siempre con un diseño distinto de los escenarios, y de la propia colocación de los enemigos.

Mooncrash Análisis

Al completar los objetivos van desbloqueando personajes nuevos, cada uno con sus propias características. Esto significa que unas serán más indicadas para un estilo de juego que otras, ya que un personaje tiene más salud, otra tiene más poderes, y así sucesivamente. En total son cinco personajes, pero para desbloquearlos todos tendrán que cumplir algunos objetivos complicados, lo que significa que la mayor parte del tiempo se pasará con las primeras dos o tres.

A diferencia del juego base, Mooncrash utiliza una estructura roguelita, lo que en otras palabras significa que la muerte es permanente – cuando mueren, comienzan de nuevo con otro personaje. Sin embargo, no todo se pierde a la hora del inevitable fin. Al reanudar una sesión con un nuevo personaje, tienen la oportunidad de recuperar el equipo del personaje que murió, mejorando sus hipótesis de éxito, pero hay un solo: tienen un tiempo límite para recuperar el equipo, y cuanto más tiempo demoran, más difíciles se convierten en los enemigos. Si pierden todos los personajes, tienen que empezar de nuevo, con un nuevo mapa y posición de enemigos.

La idea, como sucede con los mejores roguelitas, es comenzar en desventaja. El juego será difícil al principio, y van a morir con alguna frecuencia, pero luego van a empezar a aprender procesos, trucos, y van a sobrevivir más tiempo. Como todos los buenos juegos del género, la muerte no es un castigo, sino un proceso que forma parte de la experiencia, y que alimenta el progreso del jugador.

Después de quemar todas las vidas, o de escapar de la estación, el juego se reanuda con nueva generación aleatoria. No es, sin embargo, un reinicio total, ya que los personajes retoman alguna progresión. Al matar a enemigos más poderosos, por ejemplo, van a desbloquear puntos para gastar en equipo que han ganado en otras vidas. Si tienen cuidado con la forma en que invierten esos puntos, van a asegurar que empiezan siempre más fuertes que de la vez anterior.

Esta fuerza extra será necesaria para lidiar con la fase más tardía del juego, y los enemigos que allí te esperan. El diseño aleatorio del mapa garantiza que estarán siempre atentos, siempre al acecho del peligro, algo reforzado por la atmósfera y ambiente que ya conocíamos del juego base. Hemos quedado algo decepcionados con la narrativa, que parece haber sido el principal sacrificio de esta estructura, pero sumando todo, nos parece que justifica los € 19.99, si han apreciado el juego base. Es una expansión que expande la jugabilidad, el diseño, y la estructura para caminos distintos, en lugar de presentar más de lo mismo, y eso nos agradó.

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